¿Es San Fermín patrón de Pamplona? La respuesta es no, aunque las fiestas patronales se realicen en su honor y hasta la capilla en la que se encuentra su imagen sea propiedad del Ayuntamiento.

Desde el año 1611, el patrón de Pamplona es el obispo San Saturnino, aunque sea un dato muy ignorado por culpa de un San Fermín que, digan lo que quieran los fervores populares y las campañas publicitarias turísticas, “sólo” es patrón de la diócesis de Pamplona y copatrón de Navarra, aunque únicamente San Francisco Javier sea honrado como tal en la actualidad. El papa Alejandro VII, en el año 1657, trató de solucionar un conflicto muy polémico, ya que hasta esa fecha el único patrón del reino navarro era San Fermín, pero a partir de dicha fecha se le incorporó San Francisco Javier.

En Pamplona, la fiesta del patrono real (San Saturnino) tiene un carácter oficial y municipal casi en exclusiva. Por ello, y porque la procesión con su imagen se desarrolla en hora temprana de la mañana, allá por el 29 de noviembre, fiesta y santo se antojan grises y fríos, motivo por el que casi no participa el pueblo en dicho acto.

De San Saturnino se asegura que fue el primer evangelizador de la ciudad junto a su discípulo Honesto. Saturnino, que era obispo de Toulouse, se desplazó a Pamplona. Según unas versiones, esto sucedió en el siglo I, y en este supuesto habría sido discípulo de San Juan Bautista y luego del apóstol San Pedro. Pero otras versiones lo localizan aquí en el siglo III. El caso es que predicó en el lugar en el que se hallaba un bosquecillo sagrado de álamos o de cipreses y un templo dedicado a la diosa Diana. Allí, donde hoy se levanta la iglesia de San Cernin o San Saturnino, había un pozo del que extraía el agua con la que bautizaba a los nuevos conversos que lograba. El pozo (“pocico”, en terminología popular pamplonesa) ocupa el centro de la calle, junto a la mencionada iglesia parroquial, al comienzo de la calle Mayor, bajo una placa que exhibe el siguiente texto: “Aquí está el pozo con cuya agua según tradición bautizó San Saturnino a los primeros cristianos en esta ciudad”. Entre estos, a San Fermín.

Cuenta la leyenda que, tras su paso por Pamplona, el obispo Saturnino volvió a Toulouse, en la Galia romana. En el año 250, el emperador Decio inició una persecución a los cristianos. Un día, el obispo fue detenido por una muchedumbre por negarse a realizar sacrificios a los dioses paganos. Le ataron a un toro que estaba preparado para ser sacrificado y provocaron la estampida del animal que le arrastró en su carrera por las escaleras del Capitolio. Saturnino murió con la cabeza rota y el cuerpo despedazado.

En el retablo mayor de la iglesia pamplonesa dedicada a este santo, bajo la figura del titular que lo preside, sentado con báculo y mitra, tallada a finales del siglo XVII en estilo barroco, aparece un toro, símbolo de su martirio. Por otra parte, sobre el arco de la entrada principal al templo, aunque casi imperceptible, la imagen del sacrificio está representada en un bajorrelieve. La escena del martirio se encuentra así mismo en el dintel de la iglesia-fortaleza de San Saturnino de Artajona (en el Cerco), edificio gótico del siglo XIII.

Fuente: Curiosidades de Navarra